El efecto Diderot o las compras que inducen más compras

Aún recuerdo con nostalgia cuando nació Marcos, nuestro primer hijo. Una de las primeras compras que hicimos mientras nos preparábamos para su llegada fue un conjunto de sillita de paseo, capazo y grupo 0. Al principio pensaba que habíamos hecho una jugada maestra, en una sóla compra habíamos cubierto todas las necesidades de transporte del niño para los próximos tres años.

Pero pronto sentimos la necesidad de comprar un bolso para colgar del manillar de la sillita, y algunos juguetes para que el niño se entretenga mientras paseamos, y una sombrilla, y…

Y así es como se produce el efecto Diderot, compras algo que en teoría cubre una necesidad. Por un tiempo todo está bien pero, más pronto que tarde, esa compra te genera una nueva necesidad que se resuelve con más compras. Esas compras, a su vez, crean más necesidades que se resuelven con más compras. Si no somos cuidadosos podemos caer en una espiral de compras y necesidades que nos deje en la ruina.

Esto es exactamente lo que le ocurrió al pobre Denis Diderot, de quién recibe el nombre el efecto Diderot. Este filosofo frances recibió como regalo una bata nueva muy elegante. Al principio estaba muy contento con su regalo. Pero al poco le pareció que el resto de sus posesiones desentonaban con la bata. Empezó cambiando su silla por un sillón, luego su mesa por un lujoso escritorio… Cuantos más muebles nuevos compraba más le parecía que los viejos no estaban a la altura. Esto, a su vez, desencadenaba nuevas compras. Así, hasta que acabó cubierto de deudas y arruinado.

¿Por qué se produce el efecto Diderot?

El efecto Diderot se produce porque relacionamos unos objetos con otros, tendemos a agruparlos en conjuntos. Esto, a su vez, nos produce una sensación de equilibrio y armonía. Al adquirir algo nuevo corremos el peligro de romper las relaciones preexistentes y de perder esa sensación de armonía.

-. Oh Vaya, ¡qué bien me sienta este pantalón! Pero no tengo nada en el armario que pegue con él. Tendré que comprarme alguna camisa también.

-. Qué buena compra he hecho, ¡la mesa nueva del salón es perfecta! A ver cuando cambio el sofá, que se está quedando viejo.

-. ¡Vaya pedazo de tablet me he comprado! Pero la salida de video no es compatible con mi tele. A ver si compro un adaptador, o mejor ¡una tele nueva!. Y un teclado inalámbrico, que así puedo puedo usarlo todo desde el sofá.

¿Te suenan de algo esas situaciones? Son ejemplos perfectos de como empieza el efecto Diderot.

Como combatir el efecto Diderot

El primer paso para combatir el efecto Diderot es conocer las relaciones que existen entre nuestras posesiones. ¿Cómo conjunta nuestra ropa? ¿los muebles de nuestra casa? ¿y los aparatos electrónicos? ¿como interaccionan entre ellos?

Una vez sepamos como relacionamos nuestras posesiones procuraremos no comprar nada que desentone, que no encaje con lo que ya tenemos. El objetivo es que nuestras compras sean más o menos homogéneas, que sigan un estilo al margen de las modas. Así conseguiremos que se mantener esa sensación de equilibrio y armonía que nos aleja de la vorágine de compras.

Personalmente en algunos aspectos he ido más lejos y he establecido mis propias normas. En el pasado, cuando tenía que ir mejor vestido al trabajo sólo compraba pantalones chinos azules marino o beis, camisas que conjuntarán con esos colores, calcetines, zapatos y cinturones negros. De este modo, cualquier prenda de mi armario conjuntaba con todas las demás.

Ahora mismo sólo compro pantalones vaqueros (y sólo cuando se me rompe alguno de los que tengo) que pegan con todas las camisas y camisetas que tengo en el armario. Así mantenía y mantengo la armonía de mi armario y así evito que se inicie el peligroso efecto Diderot cuando voy a comprar ropa.

Ah, ¿Recordáis ese pantalón que no pegaba con nada de nuestro armario? ¿y la tablet con una salida de video “exótica”? Esos, ¡que se los queden los de las tiendas!

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Tres estrategias para lidiar con los gastos imprevistos o extraordinarios

Este mes de agosto ando un poco agobiado por los gastos imprevistos que estamos teniendo. Hace poco he contado como cambiamos el frigorífico porque se averió el que teníamos. El microondas ha decidido seguir el mismo camino y también hemos tenido que reemplazarlo. Ahora mismo ando con la mosca detrás de la oreja intentando adivinar que será lo próximo que se va a averiar.

Llevo como 15 días deseando que se acaben los imprevistos y hoy, revisando las cuentas de agosto, he caído en la cuenta de algo muy importante:

-. Los gastos imprevistos nunca se van a acabar .

Es imposible prever todos los problemas que van a surgir de repente. Aunque algunos lo pretendan, nadie tiene una bola de cristal con la que ver el futuro. Es imposible saber cuando se va a averiar el coche, la lavadora o cuando vamos a tener que visitar al dentista de urgencia.

El hecho de que algunos gastos sean imprevisibles no es una excusa para ignorarlos. Muy al contrario, lo mejor que podemos hacer es empezar a prepararnos ya. Así podremos hacerles frente sin despeinarnos cuando se presenten.

Estrategia número 1: aprende como realizar el mantenimiento básico de tus cosas.

Todas nuestros aparatos tienen unas tareas básicas de mantenimiento que, si se llevan al día, alargarán su vida útil y, si se ignoran, acabarán costándonos dinero y disgustos en forma de averías. Es más, conviene ir un paso más allá y aprender a realizar por nosotros mismos las tareas más básicas de mantenimiento del hogar (electricidad, fontanería, bricolaje, etc.) y del automóvil.

Imagina que se rompe el mecanismo de la cisterna del inodoro. Si sabes como reemplazarlo, simplemente compras el repuesto y lo cambias. Si no eres capaz de sustituirlo tendrás que llamar a un fontanero que, además de la pieza, te cobrará el desplazamiento y el tiempo que tarde en cambiarla.

Estrategia número 2: gasta menos de lo que ganas

Todos los meses debemos gastar menos de lo que ganamos. Así, todos los gastos imprevistos menores que la diferencia entre lo que ganamos y lo que gastamos no supondrán ningún problema. Personalmente lo que mejor me va para asegurar el ahorro es hacerlo a principio de mes en lugar de al final. Tengo una transferencia automática que, un día después de cobrar, se encarga de mover una cantidad fija a otra cuenta.

Imagina que todos los meses ahorras 200 € y que, cómo a mi este mes, se te rompe el microondas. Una nuevo cuesta unos 80 €. Pues oye, te compras uno y ese mes, en lugar de 200 € ahorras 120€ y a seguir con tu vida.

Estrategia número 3: ten un buen colchón o fondo de emergencia

Esta estrategia es una extensión de la número 2. Gastar menos de lo que ganamos nos ayuda a lidiar con los pequeños baches del camino mientras que el fondo de emergencia es nuestra protección contra los grandes problemas que surjan. La mayoría de los meses no habrá gastos imprevistos por lo que podremos usar lo que ahorremos poco a poco para construir nuestro colchón.

Imagina que un día tu coche se avería y el mecánico te pide 3.000€ para repararlo. Si tienes un buen fondo de emergencia podrás reparar el coche y seguir usándolo. Sin un fondo de emergencia tendrás que endeudarte para reparalo o, en el peor de los casos, renunciar a tu coche.

Conclusiones

No importa que el mejor momento para plantar un árbol fuese hace 20 años, el segundo mejor momento es ahora. Si quieres que los gastos imprevistos no te cojan desprevenido tienes que comenzar a prepararte ya. Empieza por aprender a llevar el mantenimiento de tu hogar, luego asegurate de que gastas menos de lo ganas todos los meses sin excepción y, por último, usa el ahorro mensual para construir un fondo de emergencia.

Recuerda que es imposible prever todas las contingencias que nos van a suceder a lo largo de la vida. Eso no significa que las podamos ignorar. Muy al contrario ,debemos prepararnos ya lo mejor que podamos para que, cuando se presenten, podamos afrontarlas de la mejor manera posible.

Bomba de calor para el agua caliente sanitaria (ACS). Otro ejemplo de como usar el coste total de propiedad

Llevo ya una temporada investigando como bajar mi recibo de la luz. Al calcular el precio al que pago el kw/h descubrí que los aparatos que más gasto producen en mi casa son la calefacción y el termo del agua caliente. Como es verano decidí empezar por el termo del agua caliente.

El coste de calentar agua con un termo

Use mi medidor de consumo eléctrico durante una semana para averiguar cuanta electricidad consume el termo y aluciné. ¡21,42 kw!¡en una semana! Considerando que está encendido unas 50 semana al año (hey, ¡todo el mundo tiene derecho a unas vacaciones!), sale un total de 1071kw. (21,42 kw/semana * 50 semana/año = 1071 kw/año).

Mi termo para calentar agua consume un total de 21.41kw durante una semana
Consumo electrico termo durante una semana

En 2014 consumimos un total de 5749kw por lo que los 1071kw que consume el termo representan un 18,63 % del consumo electrico total anual. ¿Y en euros? Pues considerando que pago el kw/h a 14 céntimos de euro:

coste semanal del termo = 21,42 kw/semana * 0,14 €/kw = 2,9988 €/semana
Coste anual del termo= 2,9988 €/semana * 50 semana/año = 149,94 €/año

La bomba de calor como alternativa al termo

Investigando un poco encontré que algunos fabricantes venden bombas de calor para agua caliente sanitaria. La apariencia externa es muy similar a un termo ya que ambos tienen un depósito donde almacenan al agua caliente. La diferencia es el mecanismo para calentar el agua, el termo usa una resistencia eléctrica y la bomba de calor usa una bomba de calor.

La eficiencia del termo es del 100%, es decir que transforma en calor el 100% de la energía que consume. La de la bomba de calor es, en teoría, de un 300%. Eso significa que una bomba de calor va a gastar un tercio de la electricidad que gasta mi termo actual. Veamos los números:

Coste semanal de la bomba de calor = coste semanal del termo/3 = 2,9988 / 3 = 0,9996 €/semana
Coste anual de la bomba de calor= 0,9996 €/semana * 50 semanas /año = 49,98 €/año

Coste total de propiedad: termo eléctrico vs. bomba de calor

Como vimos cuando compré el frigorífico el coste total de propiedad es la suma de tres costes:

Coste total de propiedad = coste de compra + coste de uso + coste de mantenimiento.

Mi termo actual data del 2006, así que asumo que está llegando al final de su vida útil y que tendré que reemplazarlo durante los próximos 10 años. Un termo similar al mio se puede encontrar hoy día (año 2015) por unos 150 Euros y podría reutilizar la instalación actual.

Por otro lado las bombas de calor son caras, entre el aparato y la instalación rondan los 1000€.

Una bomba de calor cuesta 737,49 € sin instalación
Precio bomba de calor sin instalación

En ambos casos hablamos de marcas de reconocido prestigio por lo que espero que no se averíen e ignoro el coste de mantenimiento. Luego el coste de mantenimiento en ambos casos sería 0.

Con todos estos datos ya podemos hacer números. Veamos el coste total de propiedad del termo durante los próximos 10 años sería:

Coste total termo durante 10 años= precio compra termo + (coste uso anual termo *10)
Coste total termo durante 10 años= 150 € + ( 149,94€/año *10 años) = 150€ + 1499,4 € = 1649,4 €

Y el coste total de la bomba de calor

Coste total bomba calor durante 10 años= precio compra bomba calor + (coste uso anual bomba calor *10)
Coste total bomba calor durante 10 años= 1000€ + (49,98 €/año *10 años) = 1000€ + 499,8€ = 1499,8€

El resultado es que la bomba de calor es aproximadamente 150€ más barata que el termo.

Conclusiones

Si fuese una obra nueva me compraría la bomba de calor sin dudarlo ya que me supondría un ahorro de 150 € en 10 años. Pero en mi situación actual, si invirtiese 1000 € en la bomba de calor los recuperaría a un ritmo aproximado de 100€/año y tardaría 10 años en notar algún ahorro (149.94 € de consumo anual del termo – 49,98 € de consumo anual de la bomba de calor = 99,96 € de ahorro anual). Y eso si la bomba de calor no se avería, como se rompa o haya que hacer una recarga de gas ya le podemos decir adiós al ahorro.

Así que, de momento el plan es seguir con el termo. Cuando se averíe tendré que volver a calcular el coste total de propiedad y elegir entre reparar el termo, comprar uno nuevo o instalar una bomba de calor.

Ufff, espero que mi termo actual me dure muchos años más…

Pero, ¿qué frigorífico compro? Un ejemplo práctico de como usar el coste total de propiedad

Un verano más España sufre los efectos de una ola de calor. Fuera, en la calle, hay 42Cº. Me acerco a la cocina con la intención de tomar algo para refrescarme. Abro la nevera, estiro el brazo para coger una cerveza fresca y veo una fina capa de escarcha al fondo. Reviso el congelador, una gruesa capa de hielo confirma mis sospechas. Es evidente que el mecanismo anti escarcha (o “no frost”) no funciona.

Reviso el resto del aparato y encuentro signos evidentes de deterioro. Las gomas de las puertas se están cuarteando, los cajones de la fruta están rajados, etc. No me sorprende, la nevera tiene más de 12 años. Cuando la compramos no andábamos sobrados de dinero, así que elegimos una barata, de clase energética “C” (¿o era “D”?).

Medito sobre repararla. El fabricante, “Edesa”, una segunda marca de “Fagor”, quebró hace dos o tres años. Conseguir repuestos va a ser difícil. Al final me rindo a la evidencia, y decido que lo mejor es cambiarla de la forma más rápida e indolora.

Empiezo a mirar neveras. Lo primero que veo es el precio, todos los anuncios lo destacan en números bien grandes. Pronto, algunos comerciales me recuerdan lo que pasé por alto al comprar el frigorífico viejo. Estos aparatos están encendidos todo el día, todos los días del año. Los frigoríficos consumen electricidad, mucha, y cada día está más cara. Debo tener en cuenta el consumo energético del aparato.

La conclusión inevitable es que, para elegir bien, debo considerar el coste de la electricidad que va a consumir la nevera además del precio de compra. Es decir, debo tener en cuenta el coste de usar y mantener el frigorífico además del coste de compra. Y esto es, a grosso modo, el coste total de propiedad.

El coste total de propiedad.

Estrictamente, el coste total de propiedad es la suma de tres costes a lo largo de la vida útil de un aparato:

Coste total de propiedad = coste de compra + coste de mantenimiento + coste de uso

En el caso de un refrigerador esos costes son:

El coste de compra: El precio de venta que destacan todos los anuncios.

El coste de mantenimiento: Una estimación de cuánto nos va a costar reparar las averías que sufrirá la nevera a lo largo de su vida útil. Cómo no tengo una forma fiable de estimarlo, mi estrategia es centrarme en marcas de prestigio. Supongo que así, escoja la opción que escoja, tendrán pocas averías y el coste de mantenimiento va a ser aproximadamente el mismo. Es decir, que voy a ignorar el coste de mantenimiento.

El coste de uso: En el caso de un refrigerador es el coste de la electricidad que consume durante su vida útil. Por fortuna, recopilé los datos de mis facturas electricas de los últimos dos años en una hoja de cálculo. Asi que sé que estoy pagando el Kw/h a 0,14€. Supongo una vida útil de 10 años. El último dato que me falta, el consumo anual estimado de electricidad, viene indicado en la etiqueta energética del frigorífico. Si quiero calcular cuantos Kw consume un modelo de nevera concreto durante su vida útil, sólo tengo que multiplicarlo por 10.

Así las fórmulas quedan:

Coste total de propiedad del frigorífico= coste de compra + coste de uso

Donde el coste de uso es:

Coste de uso = Kw consumidos /año * 10 años * precio del KW

Con esta fórmula en mente, empiezo a mirar en una tienda de internet y encuentro un frigorífico Bosh cuyo precio es de 610Euros, clasificación energética A+ (332Kw/año). Lo referenciaré como Bosch A+. Haciendo números sale:

Coste de uso = 332 Kw/año *10 años * 0.14 Eur/kw = 464,8 euros

Coste total Bosh A+ = 610 Euros + 464,8 Euros = 1074,8 Euros

¡Madre mía! ¡El gasto en luz es casi igual al precio del aparato! Va a ser verdad que la clasificación energética importa. Sigo buscando y encuentro otro frigorífico Bosch (KNG39XI42), este es A+++ (consume 179KW/año) y cuesta 756 Euros. El precio de partida es más alto pero, ¿lo compensará con el ahorro de luz? Veamos los números:

Coste de uso = 179 Kw/año *10 años * 0.14 Eur/kw = 250,6 euros

Coste total Bosh A+++= 756 Euros + 250,6 Euros= 1006,6 Euros

Esto significa que, a la larga, el frigorífico que en principio parecía más caro (756 Euros vs 610 euros de precio de venta) nos sale 68,2 Euros más barato (restando los costes totales, 1074,8 – 1006,6 = 68,2).

Continuo mi búsqueda, con el convencimiento de que el coste total de propiedad es la herramienta para decidir que aparato es el que más me conviene. Después de un par de horas tengo la siguiente tabla comparativa:

Coste total de propiedad del frigorífico
Coste total de propiedad del frigorífico

Revisando estos números veo que el LG GBB53OPZCFS es el que más me conviene. Lo pido en la tienda y, a los pocos días lo tengo en casa.

Conclusiones

Es importante advertir que la fórmula del coste total de propiedad se debe adaptar a cada situación. Por ejemplo, si la nevera fuese para un apartamento de vacaciones estaría la mayor parte del año apagada. Eso cambiaría completamente el coste de uso, lo que a su vez cambiaría el coste total de propiedad. Así lo primero es siempre pensar bien como vamos a usar el aparto y adaptar la fórmula del coste total de propiedad en consecuencia.

Después de completar este ejercicio estoy seguro de que el coste total de propiedad es lo que debe guiarme a la hora de decidir que aparato comprar. Si me dejo seducir por un precio de compra más barato puede que, a la larga, gaste más dinero.

Y es que, no en vano se dice que “el dinero del avaro va dos veces al mercado”.

Y tú, ¿a cuanto pagas el kw/h?

A lo largo del tiempo hemos ido aplicando una serie de medidas para reducir el consumo y los gastos en electricidad que hacemos en casa.

Por ejemplo, todas las bombillas de la casa son led o fluorescentes de bajo consumo. También contratamos la tarifa nocturna (discriminación horaria) y usamos los aparatos que más consumen, termo y calefacción principalmente, por la noche. Hasta ahora habíamos tenido una fe ciega en que los cambios en equipación y hábitos que hacíamos reducían el consumo y las facturas de las electricidad.

Cómo calcular cuánta electricidad consumes, cuánto te cuesta y a que precio pagas el kw/h.

Sin embargo, una tarde mientras revisaba la última factura, empecé a preguntarme si de verdad todo el dinero y los esfuerzos invertidos merecían la pena. Ni corto ni perezoso, saqué las facturas de los últimos 2 años completos (2013 y 2014) y creé una hoja de cálculo para ver como evolucionaba el consumo eléctrico en casa. El objetivo era tener una visión global del consumo eléctrico en casa para ver claramente si, año tras año, vamos gastando más o menos energía.

Esta es la tabla del 2013 con sus respectivos datos:

Consumos electricos año 2013
Tabla de consumos electrico del año 2013

Y aquí la del 2014:

Consumo electrico 2014
Tabla de consumos electricos del año 2014

Veamos que significan los conceptos que se anotan en cada fila:

  • Días: días que componen el período de facuración
  • Punta: Kw consumidos en horario “Punta” u horario diurno durante el período de facturación
  • Valle: Kw consumidos en horario “Valle” u horario nocturno durante el período de facturación
  • Total: Kw consumidos en total durante el período de facturación. Es la suma de los conceptos “Punta” más “Valle”
  • Kw/día: Kw consumidos al día de media. Resulta de dividir el “Total” consumido entre el número de “Días” que incluye la factura.
  • Recibo: También conocido como factura o dolorosa, lo que nos toca pagar.
  • Coste Kw/h: Resulta de dividir el “Recibo” entre el “Total” de kw consumidos. Lo que pagamos de medía por cada Kw en cada recibo.
  • Eur por Día: La media de euros que pagamos al día. Se calcula dividiendo el “Recibo” entre los “Días” que incluye el período de facturación.

Los números, así en crudo, ya me permitían ver algunas cosas. Por ejemplo, en 2013 gastamos un total de 6.832Kw que nos costaron 1021,33 Eur. mientras que en 2014 gastamos un total de 5749 Kw y pagamos 804.71 Eur. Parece que vamos por el buen camino.

Me puse a jugar con la hoja de cálculo y “cocinando” los datos obtuve algunas gráficas. De todos los que hice, el que mostraba los consumos anuales divididos por recibos es el que más me gustó:

Consumo eléctrico por recibos del año 2013
Consumos eléctricos por recibos del año 2013
Consumos eléctricos por recibos del año 2014
Consumos eléctricos por recibos del año 2014.

Estas gráficas muestran claramente que la mayor parte del consumo se hace en horario valle (o “nocturno”) y durante los meses de invierno. La conclusión que saqué es que la calefacción y el termo son los responsables de la mayor parte de nuestro consumo eléctrico. Si quiero reducir la factura esos son los puntos sobre los que debo actuar.

Otros usos de la hoja de cálculo.

Lo siguiente que pensé es en usar la hoja para obtener el precio al que estoy pagando el kw/h. Calcular este precio no es tan sencillo ya que en el recibo hay una parte fija que no depende del consumo y otra variable que sí. Por eso cuanta menos electricidad consumimos más caro paguemos el kw/h ya que la parte fija tiene más peso en el total. Lo contrario también es cierto, cuanta más electricidad consumas más barato pagarás el kw/h al perder peso relativo la parte fija. Para complicar más las cosas tenemos discriminación horaria por lo que el precio del kw/h “nocturno” es, aproximadamente, un tercio del kw/h “diurno”.

Acumular los recibos de todo el año simplificó mucho la tarea. Al final bastó con hallar los totales de lo que había pagado durante todo el año, de los kw/h consumidos y dividir estas dos cantidades. Así obtuve que el precio del kw/h que pagué en 2014 fue de 14 céntimos de euro y de casi 15 en 2013.

¿Por qué este empeño en conocer a cuanto pago el kw/h? Porque conocer el precio real al que pagamos el kw/h es imprescindible para calcular el coste total de propiedad de cualquier aparato eléctrico que vayamos a comprar. Y calcular este coste me permitirá discernir que aparatos comprar y cuales descartar en el futuro.

Conclusiones

Ahora mismo estoy entusiasmado con la hoja de cálculo.

  1. Me confirma que si, que el dinero y el esfuerzo invertidos para reducir el consumo están dando sus frutos en forma de ahorro. Esto me ha motivado para intentar ir más allá y buscar modos de ahorrar aún más sin perder confort.
  2. Me permite hacer un seguimiento del consumo de electricidad en casa.
  3. Ahora se exactamente lo que pago por el kw/h. Un dato imprescindible para decidir que aparatos electricos comprar o descartar en el futuro.

En definitiva, La hoja de cálculo que he creado es una herramienta que nos permitirá medir el impacto que tenga cualquier cambio de hábitos o compra que hagamos. Yo, por ejemplo, ya he decidido probar a poner la bomba de calor en invierno en lugar del acumulador del salón. A ver si así reducimos los facturones que pagamos en invierno.

Y tú, ¿ya sabes a cuánto pagas el kw/h?

4 lecciones que podemos aprender de los reyes del trueque

Ahora mismo están reponiendo la serie “Los reyes del trueque”. En el programa muestran como los protagonistas, Antonio y Steve, se ganan la vida haciendo trueques. Creo que he visto todos los episodios varias veces y, aún así, me resulta hipnótico. Me parece que, además de un buen entretenimiento, transmite una serie de lecciones importantes. Veamos algunas:

1-. Valor vs precio

En uno de los trueques Antonio entrega un soldador a cambio de una gramola. El dueño de la gramola, en ese momento sin empleo, la tiene cogiendo polvo en el garaje de su casa. La gramola es un objeto precioso, casi de lujo, pero su dueño no puede darle ningún uso. En cambio el soldador le serviría para trabajar y ganar dinero. El precio de la gramola es mayor que el del soldador, su utilidad infinitamente menor. El trueque está servido.

Y es que el valor y el precio de un objeto son completamente independientes. El precio se mueve en función de la oferta y la demanda que haya en el mercado. El valor es algo mucho más subjetivo ya que depende de la utilidad o el rendimiento que podamos obtener del objeto. De hecho lo que buscan los protagonistas son objetos sin utilidad para su dueño que se puedan vender a buen precio.

2-. Todos tenemos que ganar algo

Antonio y Steve siempre tienen una charla con la otra parte antes de cada trueque. Investigan que necesidades tiene la otra parte y le ofrecen algo que le resulte útil. En uno de los episodios cambian una máquina arcade por dos minimotos. En el último minuto el trato peligra, el precio de las motos es mayor. Los protagonistas indagan para que quiere el arcade el dueño de las motos. Tiene una tienda y cuando una familia entra, los niños no paran de enredar. Al final, convencen al dueño de la tienda de que el arcade, además de entretener a los niños, le ayudará a ganar algún dinero. Trueque salvado.

 

Esto nos enseña que la mejor forma de llegar a un acuerdo es ofrecer un trato en el que ambas partes ganen. Es necesario ponerse en el lugar del otro, entender sus necesidades y motivaciones y ofrecerle un trato beneficioso. Después de todo, no puedes obligar a nadie a aceptar un trueque. Yo te ofrezco algo valioso para ti y tú, a cambio, me ofreces algo que tenga valor para mi.

3-. El tiempo y el trabajo también cuentan

En otra ocasión Steve ofrece un equipo de DJ a cambio de una bicicleta. El dueño de la bici está considerando un trueque, ya que lleva bastante tiempo intentando venderla. De nuevo el trato peligra ya que el precio de la bicicleta es casi el doble que el del equipo de DJ. Al final hay trueque. El dueño de la bici se da cuenta de que encontrar un comprador para su bici le costaría aún más tiempo y más trabajo. Además el equipo de DJ es útil, ya que puede usarlo para ganar dinero mientras que la bici descansa apaciblemente en su casa.

Muchos trocadores que aparecen en la serie se obcecan con el precio que tendría su objeto en el mercado de segunda mano. Ignoran o pretenden ignorar que para vender algo hay que anunciarlo, atender a posibles compradores y finalmente venderlo. Es cierto que, en la mayoría de los casos, podrían obtener más dinero si inviertieran tiempo y esfuerzo para venderlo en el mercado de segunda mano. En la ecuación hay tres variables dinero, tiempo y trabajo. Podemos obtener más dinero por nuestros objetos si empleamos más tiempo y trabajo en venderlos, o podemos hacer una venta rápida y fácil a cambio de ganar un poco menos. Además del precio de venta debemos considerar siempre cuanto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a invertir en la venta de un objeto.

4-. Valor sentimental

En otro de los episodios Antonio quiere cambiar un bolso por una caña y un carrete de pesca. La dueña está a punto de echarse atrás al enterarse de que Antonio busca un beneficio económico. Resulta que la caña fue un regalo de su abuelo y quiere que acabe en manos de alguien que la aprecie y la disfrute. Al final Antonio consigue convencerla de que buscará a alguien que aprecie la caña de verdad y efectúan el trueque.

Nada nos ata más a un objeto inútil, y por tanto sin ningún valor, que los sentimentalismos. Los objetos inútiles son un lastre, almacenarlos requiere espacio y mantenerlos en funcionamiento cuesta trabajo y dinero. Si nos sentimos emocionalmente ligados a algo podemos fotografiarlo antes de dejarlo marchar. De este modo podemos evocar los recuerdos y sensaciones que nos producía el objeto sin tener ninguno de los inconvenientes que implica.

Conclusión

Si tuviera que resumir en una frase lo que he aprendido viendo “Los reyes del trueque” es que el valor es el rey. Cualquier objeto al que no usemos habitualmente es inútil y un objeto inútil es cómo tener una bola de hierro atada al pie. Entorpece nuestro progreso ya que o bien requiere que gastemos tiempo y dinero para mantenerlo en una condición aceptable, o bien se va deteriorando lentamente perdiendo el valor que podría tener para nosotros u otra persona.

En definitiva, lo mejor que podemos hacer con un objeto sin valor es deshacernos de él. Podemos venderlo, trocarlo o, porque no, donarlo. En fin, a ver cuándo vendo esa bici que tengo en el trastero…