Buscando el punto de equilibrio. Ideas sobre la fábula de la hormiga y la cigarra

De niño me contaron una y mil veces la fábula de la hormiga y la cigarra. La hormiga frugal y laboriosa trabaja en verano acumulando comida. Por otro lado, la cigarra juguetona y despreocupada se pasa el verano cantando y danzando. Al llegar el invierno, la cigarra helada y hambrienta le pide ayuda a la hormiga que le da con la puerta en las narices.

El mensaje que transmite esta fábula es que, si quieres disfrutar en la vejez es mejor que te apliques y aproveches el tiempo mientras que eres joven. En teoría la hormiga es el ejemplo a seguir mientras que es mejor no imitar a la cigarra. Sin embargo cuantas más vueltas le doy, más pienso que ninguno de los dos personajes son ejemplos a seguir. Creo que tanto la hormiga como la cigarra llevan vidas profundamente desequilibradas. Veamos por qué:

El desequilibrio de la vida de cigarra

Es evidente que la cigarra lleva una vida disoluta y despreocupada. Para ella todo es diversión, todo es disfrutar aquí y ahora. Este afán por el gozo no deja hueco para las necesidades actuales más básicas y perentorias, ni construye un refugio ni busca comida para hoy. ¿Y las necesidades futuras? No tienen cabida en la mente de la cigarra, cree que siempre habrá algún transeúnte que le de que comer a cambio de una coplilla o una chanza.

La cigarra
La cigarra

Al final, el futuro se hace presente y llega el invierno. Los transeúntes se encierran en sus casas y no hay quién le de comida a la cigarra. Es, en este momento, cuándo el desequilibrio de la vida de cigarra se hace evidente, no tiene comida ni refugio. La ayuda se le niega y las puertas se le cierran. Debido a su falta de previsión la cigarra se ve obligada a pasar hambre, frío y necesidad durante su vejez.

El desequilibrio de la hormiga

La hormiga es la antítesis de la cigarra. Mientras que la cigarra juega, la hormiga trabaja. Mientras una derrocha la otra ahorra. Una vive el presente, la otra se ocupa del futuro.  Cómo la hormiga es trabajadora y previsora recibe como premio una vejez abundante en la que no conoce la necesidad. Así, a primera vista, la hormiga parece el ejemplo a seguir.

La hormiga
La hormiga

Sin embargo, es esta obsesión por el futuro la que desequilibra la vida de la hormiga. Mientras que dura el verano y es joven vive obsesionada con el futuro, con prepararse para el invierno. Cuando el invierno y la vejez llegan y puede relajarse y disfrutar es demasiado tarde. Está condenada a una vejez de reclusión ya que afuera todo está nevado. El problema de la hormiga, más que morir sin haber disfrutado, es estar condenada a vivir sin disfrutar la vida. Y es que algunas cosas sólo se pueden hacer mientras que somos jóvenes.

Conclusiones

Después de meditar largo y tendido sobre el cuento de la hormiga y la cigarra creo que hay que buscar un punto de equilibrio entre nuestras necesidades actuales, las que tendremos en el futuro y algo de diversión. Tan malo es pasar hambre y necesidad como llegar a la vejez sin haberle sacado algo de jugo a la vida.

También me parece que este punto de equilibrio no está fijo, sino que se va moviendo según caminamos por la vida. Las necesidades que tengo ahora, con casi 40 años y siendo padre de dos criaturas, no son las mismas que tenía cuando era estudiante con veintipocos años.

En definitiva, que para poder sacarle todo el jugo a la vida hay que tener una parte de hormiga y otra de cigarra. Y no dejar que una domine a la otra…

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