4 lecciones que podemos aprender de los reyes del trueque

Ahora mismo están reponiendo la serie “Los reyes del trueque”. En el programa muestran como los protagonistas, Antonio y Steve, se ganan la vida haciendo trueques. Creo que he visto todos los episodios varias veces y, aún así, me resulta hipnótico. Me parece que, además de un buen entretenimiento, transmite una serie de lecciones importantes. Veamos algunas:

1-. Valor vs precio

En uno de los trueques Antonio entrega un soldador a cambio de una gramola. El dueño de la gramola, en ese momento sin empleo, la tiene cogiendo polvo en el garaje de su casa. La gramola es un objeto precioso, casi de lujo, pero su dueño no puede darle ningún uso. En cambio el soldador le serviría para trabajar y ganar dinero. El precio de la gramola es mayor que el del soldador, su utilidad infinitamente menor. El trueque está servido.

Y es que el valor y el precio de un objeto son completamente independientes. El precio se mueve en función de la oferta y la demanda que haya en el mercado. El valor es algo mucho más subjetivo ya que depende de la utilidad o el rendimiento que podamos obtener del objeto. De hecho lo que buscan los protagonistas son objetos sin utilidad para su dueño que se puedan vender a buen precio.

2-. Todos tenemos que ganar algo

Antonio y Steve siempre tienen una charla con la otra parte antes de cada trueque. Investigan que necesidades tiene la otra parte y le ofrecen algo que le resulte útil. En uno de los episodios cambian una máquina arcade por dos minimotos. En el último minuto el trato peligra, el precio de las motos es mayor. Los protagonistas indagan para que quiere el arcade el dueño de las motos. Tiene una tienda y cuando una familia entra, los niños no paran de enredar. Al final, convencen al dueño de la tienda de que el arcade, además de entretener a los niños, le ayudará a ganar algún dinero. Trueque salvado.

 

Esto nos enseña que la mejor forma de llegar a un acuerdo es ofrecer un trato en el que ambas partes ganen. Es necesario ponerse en el lugar del otro, entender sus necesidades y motivaciones y ofrecerle un trato beneficioso. Después de todo, no puedes obligar a nadie a aceptar un trueque. Yo te ofrezco algo valioso para ti y tú, a cambio, me ofreces algo que tenga valor para mi.

3-. El tiempo y el trabajo también cuentan

En otra ocasión Steve ofrece un equipo de DJ a cambio de una bicicleta. El dueño de la bici está considerando un trueque, ya que lleva bastante tiempo intentando venderla. De nuevo el trato peligra ya que el precio de la bicicleta es casi el doble que el del equipo de DJ. Al final hay trueque. El dueño de la bici se da cuenta de que encontrar un comprador para su bici le costaría aún más tiempo y más trabajo. Además el equipo de DJ es útil, ya que puede usarlo para ganar dinero mientras que la bici descansa apaciblemente en su casa.

Muchos trocadores que aparecen en la serie se obcecan con el precio que tendría su objeto en el mercado de segunda mano. Ignoran o pretenden ignorar que para vender algo hay que anunciarlo, atender a posibles compradores y finalmente venderlo. Es cierto que, en la mayoría de los casos, podrían obtener más dinero si inviertieran tiempo y esfuerzo para venderlo en el mercado de segunda mano. En la ecuación hay tres variables dinero, tiempo y trabajo. Podemos obtener más dinero por nuestros objetos si empleamos más tiempo y trabajo en venderlos, o podemos hacer una venta rápida y fácil a cambio de ganar un poco menos. Además del precio de venta debemos considerar siempre cuanto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a invertir en la venta de un objeto.

4-. Valor sentimental

En otro de los episodios Antonio quiere cambiar un bolso por una caña y un carrete de pesca. La dueña está a punto de echarse atrás al enterarse de que Antonio busca un beneficio económico. Resulta que la caña fue un regalo de su abuelo y quiere que acabe en manos de alguien que la aprecie y la disfrute. Al final Antonio consigue convencerla de que buscará a alguien que aprecie la caña de verdad y efectúan el trueque.

Nada nos ata más a un objeto inútil, y por tanto sin ningún valor, que los sentimentalismos. Los objetos inútiles son un lastre, almacenarlos requiere espacio y mantenerlos en funcionamiento cuesta trabajo y dinero. Si nos sentimos emocionalmente ligados a algo podemos fotografiarlo antes de dejarlo marchar. De este modo podemos evocar los recuerdos y sensaciones que nos producía el objeto sin tener ninguno de los inconvenientes que implica.

Conclusión

Si tuviera que resumir en una frase lo que he aprendido viendo “Los reyes del trueque” es que el valor es el rey. Cualquier objeto al que no usemos habitualmente es inútil y un objeto inútil es cómo tener una bola de hierro atada al pie. Entorpece nuestro progreso ya que o bien requiere que gastemos tiempo y dinero para mantenerlo en una condición aceptable, o bien se va deteriorando lentamente perdiendo el valor que podría tener para nosotros u otra persona.

En definitiva, lo mejor que podemos hacer con un objeto sin valor es deshacernos de él. Podemos venderlo, trocarlo o, porque no, donarlo. En fin, a ver cuándo vendo esa bici que tengo en el trastero…

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