Tres estrategias para lidiar con los gastos imprevistos o extraordinarios

Este mes de agosto ando un poco agobiado por los gastos imprevistos que estamos teniendo. Hace poco he contado como cambiamos el frigorífico porque se averió el que teníamos. El microondas ha decidido seguir el mismo camino y también hemos tenido que reemplazarlo. Ahora mismo ando con la mosca detrás de la oreja intentando adivinar que será lo próximo que se va a averiar.

Llevo como 15 días deseando que se acaben los imprevistos y hoy, revisando las cuentas de agosto, he caído en la cuenta de algo muy importante:

-. Los gastos imprevistos nunca se van a acabar .

Es imposible prever todos los problemas que van a surgir de repente. Aunque algunos lo pretendan, nadie tiene una bola de cristal con la que ver el futuro. Es imposible saber cuando se va a averiar el coche, la lavadora o cuando vamos a tener que visitar al dentista de urgencia.

El hecho de que algunos gastos sean imprevisibles no es una excusa para ignorarlos. Muy al contrario, lo mejor que podemos hacer es empezar a prepararnos ya. Así podremos hacerles frente sin despeinarnos cuando se presenten.

Estrategia número 1: aprende como realizar el mantenimiento básico de tus cosas.

Todas nuestros aparatos tienen unas tareas básicas de mantenimiento que, si se llevan al día, alargarán su vida útil y, si se ignoran, acabarán costándonos dinero y disgustos en forma de averías. Es más, conviene ir un paso más allá y aprender a realizar por nosotros mismos las tareas más básicas de mantenimiento del hogar (electricidad, fontanería, bricolaje, etc.) y del automóvil.

Imagina que se rompe el mecanismo de la cisterna del inodoro. Si sabes como reemplazarlo, simplemente compras el repuesto y lo cambias. Si no eres capaz de sustituirlo tendrás que llamar a un fontanero que, además de la pieza, te cobrará el desplazamiento y el tiempo que tarde en cambiarla.

Estrategia número 2: gasta menos de lo que ganas

Todos los meses debemos gastar menos de lo que ganamos. Así, todos los gastos imprevistos menores que la diferencia entre lo que ganamos y lo que gastamos no supondrán ningún problema. Personalmente lo que mejor me va para asegurar el ahorro es hacerlo a principio de mes en lugar de al final. Tengo una transferencia automática que, un día después de cobrar, se encarga de mover una cantidad fija a otra cuenta.

Imagina que todos los meses ahorras 200 € y que, cómo a mi este mes, se te rompe el microondas. Una nuevo cuesta unos 80 €. Pues oye, te compras uno y ese mes, en lugar de 200 € ahorras 120€ y a seguir con tu vida.

Estrategia número 3: ten un buen colchón o fondo de emergencia

Esta estrategia es una extensión de la número 2. Gastar menos de lo que ganamos nos ayuda a lidiar con los pequeños baches del camino mientras que el fondo de emergencia es nuestra protección contra los grandes problemas que surjan. La mayoría de los meses no habrá gastos imprevistos por lo que podremos usar lo que ahorremos poco a poco para construir nuestro colchón.

Imagina que un día tu coche se avería y el mecánico te pide 3.000€ para repararlo. Si tienes un buen fondo de emergencia podrás reparar el coche y seguir usándolo. Sin un fondo de emergencia tendrás que endeudarte para reparalo o, en el peor de los casos, renunciar a tu coche.

Conclusiones

No importa que el mejor momento para plantar un árbol fuese hace 20 años, el segundo mejor momento es ahora. Si quieres que los gastos imprevistos no te cojan desprevenido tienes que comenzar a prepararte ya. Empieza por aprender a llevar el mantenimiento de tu hogar, luego asegurate de que gastas menos de lo ganas todos los meses sin excepción y, por último, usa el ahorro mensual para construir un fondo de emergencia.

Recuerda que es imposible prever todas las contingencias que nos van a suceder a lo largo de la vida. Eso no significa que las podamos ignorar. Muy al contrario ,debemos prepararnos ya lo mejor que podamos para que, cuando se presenten, podamos afrontarlas de la mejor manera posible.

El fondo de emergencía o colchón

Recuerdo cuando nos mudamos a nuestra casa, allá por el 2003. Habíamos comprado una vivienda usada en las afueras de Madrid. Los electrodomésticos estaban incluidos pero el vendedor no fue todo lo honesto que debía y, nos enseñó la casa con unos y nos la entregó con otros…

Al poco dejó de funcionar el frigorífico y, no mucho más tarde, la lavadora. Nosotros habíamos empleado todo nuestro dinero en la compra de la casa, así que nos endeudamos aun más comprando los electrodomésticos a crédito.

Si hubiésemos sido más previsores habríamos reservado una cantidad de dinero como fondo de emergencia para manejar este tipo de imprevistos. Pero no lo fuimos y, literalmente, lo pagamos caro.

Un fondo de emergencia es una cantidad significativa y accesible de dinero que sirve para solventar la mayoría de las emergencias que tengamos sin endeudarnos.

Umh, ¿y cuánto es una cantidad significativa?

Pues depende de nuestra situación. Si nunca has tenido uno, márcate un objetivo fácilmente reconocible, por ejemplo 1000 euros. Ahorrar ese primer colchón te demostrará de lo que eres capaz y verás su utilidad la próxima vez que se estropee la lavadora o se averíe el coche. Si tenemos nuestras finanzas más o menos bajo control y sabemos cuánto gastamos al mes, nuestro fondo de emergencia debe ser capaz de soportar, al menos, 6 meses de gastos de nuestra familia.

Otro punto imprescindible es que debe ser accesible. Las emergencias se presentan sin avisar y podemos necesitar ese dinero de un día para otro. Imagina que una noche te empieza a doler una muela, después de pasar una noche horrible, vas al dentista y te da un presupuesto de 600 euros. Te acercas al banco con la cara notablemente hinchada por la infección. Una vez allí, el comercial te informa de que cancelar el depósito dónde tienes tu colchón tardará tres o cuatro días. Como alternativa te ofrece un crédito al consumo. Como no puedes esperar aceptas, resuelves tú problema dental y pagas los intereses del crédito. Tú fondo de emergencia ha sido inútil, no ha evitado que te endeudes. Y todo por no tenerlo en un lugar accesible.

Ahora que sabemos como de grande queremos que sea nuestro fondo de emergencia y dónde lo debemos guardar es el momento de trazar un plan. Es la hora de revisar nuestras cuentas, de identificar nuestros gastos, de eliminar los que sean innecesarios y de reducir al mínimo los imprescindibles. A cara de perro, hasta alcanzar la cantidad que nos hayamos marcado como objetivo.

Así no perderás el sueño pensando de dónde sacar dinero la próxima vez que se rompa el frigorífico, te duela una muela o haya una derrama en la comunidad. Y, por supuesto, no olvides rellenar de nuevo tu fondo de emergencia cada vez que lo uses.

El mapa hacia la libertad financiera

Hace poco estaba viendo con mis hijos un episodio de Dora la exploradora cuando apareció “el Mapa”. Este simpático personaje indica a Dora el camino a seguir y ayuda a los niños a saber en que parte del episodio están.

Como lo que busco cuando veo Dora es la compañía de mis hijos empecé a divagar. Por algún motivo, la idea de un mapa se quedó dando vueltas por mi cabeza. Al poco se me ocurrió crear un mapa hacia la libertad financiera. Un esquema que represente de forma gráfica y simbólica en que punto del camino estamos y, sobre todo, cuál es el siguiente paso a dar para alcanzar la libertad financiera.

Después de darle muchas vueltas creé un esquema que contiene 5 etapas o pasos:

Mapa

1-.El motivo

Lo primero de todo es pararte y meditar. Tienes que preguntarte por qué quieres la libertad financiera:

  • ¿Quieres una vida mejor para tus hijos?
  • ¿Odias tu trabajo y quieres dejarlo?
  • ¿Te preocupa tu jubilación?
  • ¿Quieres elegir dónde vivir y en que trabajar?

En realidad el método a seguir es sencillo, los conceptos que lo componen con comprensibles para cualquiera. Lo único que requiere es constancia, y para ser constantes necesitamos estar motivados. Sin la motivación adecuada caeremos en las tentaciones que, sin duda, surgirán a lo largo del trayecto.

Por eso, el primer paso en tu viaje es encontrar el motivo que te guíe hacia la libertad financiera.

2-. Gasta menos de lo que ganas

El segundo paso es gastar menos de lo que ganamos. Para culminar con éxito esta etapa del viaje podemos seguir dos estrategias, reducir gastos o aumentar ingresos.

  • Reducir gastos: Analiza tus gastos mensuales y divídelos en prescindibles e imprescindibles. Se inmisericorde con los gastos prescindibles y busca formas de reducir los gastos imprescindibles.
  • Aumentar ingresos: Podemos elegir entre invertir y emprender. La ventaja de las inversiones es que crean ingresos pasivos que no dependen de nuestro trabajo. Por otro lado, el beneficio potencial del emprendimiento es mucho mayor pero, a cambio, los ingresos dependerán de nuestro trabajo.

Olvida las excusas, reduce tus gastos y aumenta tus ingresos. Sin piedad, hasta que tus ingresos superen a tus gastos todos los meses sin excepción.

3-. ¡No sin mi fondo de emergencia!

Reconozcámoslo, es imposible prever todas las contingencias o accidentes que nos van a ocurrir. Por esto, es imprescindible tener un fondo de emergencia, un dinero ahorrado, fácilmente accesible pero fuera de nuestra vista para evitar malgastarlo en caprichos.

¿Qué cómo se construye un fondo de emergencia? Muy fácil, ¿recuerdas el paso 2?¿gasta menos de lo que ganas? Pues eso, márcate una cantidad a alcanzar y la diferencia entre lo que ganas y lo que gastas lo vas guardando en tu fondo de emergencia. Así hasta llegar a tu cifra.

De este modo, la próxima vez que se averíe tu coche, se estropee tu calentador, o tengas un dolor de muelas, tendrás un dinero disponible para lidiar con esas emergencias sin endeudarte.

¡Y no olvides rellenar el fondo de emergencia cada vez que lo uses!

4-. Di adiós a las deudas

En mi opinión las deudas son la versión moderna de la esclavitud. Mucha gente vive encadenada a un trabajo que odia porque perder su salario puede significar acabar viviendo en la calle. Por tanto, es imperativo librarnos de todas las deudas que tengamos. Todas significa todas, sin excepción, y eso incluye la hipoteca.

Pon todas las deudas que tengas en una lista, ordenálas por cantidad de menor a mayor. Rebaja la cuota a pagar de todas al mínimo que te permitan y dedica tu ahorro mensual a eliminar la deuda más pequeña de todas. Cuando acabes con la más pequeña, empieza con la segunda de la lista. Así, hasta que acabes con todas tus deudas.

Una vez que no le debas nada a nadie, ¡no vuelvas a endeudarte! Nada te ata más a un trabajo que una deuda.

5-. ¡Invierte, invierte, invierte!

Cuando llegues a este punto del camino tu situación económica será bastante saludable. Cada mes estarás ahorrando ya que gastarás menos de lo que estés ganando. Tendrás un fondo de emergencia que te permitirá tratar con cualquier suceso sin endeudarte. Y, lo mejor de todo, no le deberás nada a nadie.

Pero, ¿y la libertad financiera? Aún habrá unos gastos imprescindibles a los que hay que hacer frente todos los meses y que nos atarán a nuestro trabajo. Sin embargo, como cada mes estaremos gastando menos de lo que ganamos nuestros ahorros se irán incrementando todos los meses.

Es el momento de invertir, de comprar activos que nos generen rentas pasivas, ingresos que no dependan de nuestro trabajo. En el momento en el que estas rentas superen a nuestro salario, habremos alcanzado la libertad financiera.