Estrategias, planes y tácticas: II Nivel estrategico, leyes naturales, principios y valores.

Este es el segundo artículo de una serie de cuatro:

  1. Estrategias, planes y tácticas: I como encaja todo
  2. Estrategias, planes y tácticas: II Nivel estratégico, leyes naturales, principios y valores.
  3. Estrategias, planes y tácticas: III Nivel de plan de proyecto
  4. Estrategias, planes y tácticas: IV Nivel táctico, trucos y hábitos

Una de mis leyes naturales favoritas es la ley de la siembra y la cosecha, que se puede resumir en una frase como:

Cada uno cosecha aquello que sembró.

En sentido literal significa que para recoger algo en verano, primero hay que sembrar en otoño y cuidar el campo durante el invierno y la primavera.  Lo contrario, acercarnos a cosechar en un campo que no se sembró durante el otoño, es sencillamente ridículo. Y es que existen unas leyes naturales que rigen el comportamiento de todo lo que nos rodea. Podemos pretender ignorarlas pero sus consecuencias, buenas o malas, nos alcanzarán igualmente.

Si meditamos un poco veremos que estas leyes naturales se basan en unos principios y valores universales. Siguiendo con la ley de la siembra y la cosecha, si yo soy honesto y digo la verdad el resultado será que los demás acabarán confiando en mi. Simple y llanamente porque tengo un historial de honestidad. Lo contrario también es cierto, si miento a diestro y siniestro la gente terminará por desconfiar de mi. Mi historial de mentiras y engaños teminará siendo público y notorio y mi fama de mentiroso me precederá. Si siembro honestidad y veracidad cosecharé confianza y si siembro deshonestidad y mentiras cosecharé desconfianza. Por tanto, es evidente que uno de los principios que rigen la ley de la siembra y la cosecha es la honestidad.

Por supuesto, cada uno debe elegir los principios por lo que va a regir su vida, y debe tener claro que sean los que sean no va a poder escapar de las consecuencias. Es por esto que es tan importante meditar sobre que principios y valores van a regir nuestra vida. Nos proporcioanarán una brújula que facilitará todas nuestras decisiones. Veamos algunos ejemplos:

  • Vas por la calle y te encuentras una cartera. La abres y contiene, además de toda la documentación una persona, alrededor de 150 euros. ¿Qué haces? Si has decidido que la honradez es uno de tus principios entonces buscarás al dueño y devolverás la cartera. Si, por el contrario, has decidido que el egoismo es una de tus guias diarias entonces cogerás el dinero y tirarás la cartera.
  • Estas en un centro comercial y te encaprichas del último modelo de teléfono móvil. Si, de verdad has interiorizado la ley: “gasta menos de lo que ganas”, entonces seguirás con tu móvil actual durante algún tiempo más. Si no conoces o prefieres ignorar esa ley, pues comprarás el móvil sin pensarlo dos veces.

En cualquier caso, decidas lo que decidas, no podrás escapar a las consecuencias de tus actos. Si devuelves la cartera, los demás te verán como una persona honrada y digna de confianza. Si gastas menos de lo que ganas, no tendrás problemas para llegar a fin de mes. Si te quedas con el dinero, aunque obtengas un pequeño beneficio a corto plazo, los demás te verán como alguien egoista y desconfiarán de ti. Si gastas más de lo que ganas tendrás problemas para llegar a fin de mes y, a la larga, te faltará para pagar lo más básico.

Es, en definitiva, imprescindible meditar y decidir cuales van a ser los principios y valores que guien nuestra vida. Y lo es, primero porque nos facilitará la toma de decisiones y segundo, las consecuencias de nuestras decisiones y acciones nos alcanzarán tarde o temprano.

 

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Estrategias, planes y tácticas: I como encaja todo

Este es el primer artículo de una serie de cuatro:

  1. Estrategias, planes y tácticas: I como encaja todo
  2. Estrategias, planes y tácticas: II Nivel estratégico, leyes naturales, principios y valores.
  3. Estrategias, planes y tácticas: III Nivel de plan de proyecto
  4. Estrategias, planes y tácticas: IV Nivel táctico, trucos y hábitos

LLevo bastante tiempo participando en un foro en el se discute de vez en cuando el por qué se es lonchafina. Es decir, discutimos los motivos por los cuales algunos elegimos una vida austera. Después de leer muchos hilos del foro me di cuenta de que hay dos grupos de gente:

  • Los que son infelices llevando una vida austera
  • Los que son felices llevando una vida austera

Como estaba de vacaciones me dió por pensar en cual es la diferencia, en que es lo que hace que una persona sea feliz comiendo un planto de lentejas y otra se sienta un ser miserable comiendo lo mismo.

Me puse a pensar en los mensajes e hilos de aquellos a los que la austeridad les causa infelicidad y disgusto. Algunos habían perdido el trabajo, otros tienen unos ingresos bajos, o peor, algún problema de salud les impide continuar con su oficio o se come gran parte de sus ingresos. Al final, un tema común iba emergiendo: la austeridad les ha sido impuesta.

En el otro lado de la balanza estaban los que son felices llevando una vida austera. Empecé a recordar sus hilos y mensajes. Estos hablaban de tranquilidad, de libertad. Hablaban de como sus elecciones les habían llevado a la situación actual. Algunos mencionaban con orgullo algún proyecto que habían completado o pedían consejo para completar alguno que tenían entre manos. Y ahí está la diferencia, en que los que son felices no sólo han elegido llevar una vida austera sino que además la austeridad encaja perfectamente en su modo de vida.

Tuve un momento de epifanía. De repente me di cuenta de como todo encajaba, de como muchas conceptos que había leído acá y allá cooperan unos con otros. Comprendí que la felicidad no es algo que le llega a uno, así por sorpresa. Si la quieres tienes que salir a buscarla, debes ser responsable y diseñar tu estilo de vida.

Existen tres niveles en los que debemos pensar cuando diseñamos nuestro estilo de vida, de más genérico a más específico son:

  1. Estrategias: aquí van los principios, valores y objetivos a largo plazo que guian nuestra vida. Por ejemplo, la austeridad, la honestidad, la solidaridad, …
  2. Planes de proyecto: un proyecto es un objetivo a corto plazo más la lista de acciones que debemos tomar para alcanzar ese objetivo. Por ejemplo, ahorrar en el recibo de la luz.
  3. Tácticas: una táctica es una acción que nos ayuda a alcanzar un objetivo. Cuando las acciones no forman parte de un plan de proyecto hablamos de trucos o hábitos.

Para el que es infeliz las lentejas son una imposición. Es más, mientras come las lentejas anhela comer otra cosa pero no puede. Las come porque no le queda otra y eso le causa infelicidad y disgusto.

Para el que es feliz con la austeridad las lentejas son un paso dentro de un plan de comidas que le ayudan a comer una dieta sana y barata. Dicho objetivo está alineado con otros principios como pueden ser la austeridad y llevar una vida sana. Para estas personas un plato de lentejas es como una rueda dentada. Aislada parece de poco valor, dentro del mecanismo de un reloj cobra todo su sentido y libera todo su potencial. Se convierte en algo valioso e imprescindible.

Y es que, cuando lo que hacemos tiene un propósito, cuando sabemos como influyen en nuestra vida cada una de la pequeñas acciones que tomamos, es mucho más fácil ser feliz.

¿Por cuánto vendes una hora de tu vida?

Voy a poner esto negro sobre blanco:

Cada vez que compras algo estás renunciando a horas de tu vida. Si, la transacción se hace con dinero, pero para ganar ese dinero has tenido que ceder un tiempo de tu vida en el trabajo.

Te propongo un ejercicio sencillo.

  1. Calcula tu salario o tus ganancias netas anuales. Puedes multiplicar tu última nómina por 12 o 14 en función del número de pagas que recibas
  2. Calcula cuántas horas trabajas al año. No te olvides de incluir la hora de la comida y el tiempo que dedicas a ir y volver del trabajo. Pista, en España hay alrededor de 250 días laborables al año, si calculas 10 horas diarias (8 de trabajo, 1 para comer y 1 para ir y volver del trabajo) sale que dedicamos al trabajo unas 2500 horas al año.
  3. Calcula por cuánto estás vendiendo una hora de tu vida, divide el salario neto entre el total de horas

El precio de una hora de vida en España

Veamos que pinta tienen los números para el “español medio”

  1. En el 2014 el salario bruto (antes de impuestos) medio en España fue de 26.162€. Usando una calculadora de salario neto nos queda un salario neto medio de 20.555€
  2. En el 2014 hubo 252 días laborables. Calculando 10 horas totales al día, salen 2.520 horas de trabajo anuales.
  3. Si dividimos 20.555€ / 2.520 horas obtenemos que el “español medio” cobra 8,16€ por hora de trabajo

Dicho de otro modo, el “español medio” vende una hora de su vida a cambio de 8,16€.

Traducir los precios a horas de vida.

Bien, ya sabes por cuánto vendes tu tiempo. Ahora puedes traducir los precios a horas de vida. Por ejemplo, el “español medio” renuncia a:

  • una hora y media de su vida a cambio de un menú diario de 12€
  • 2450 horas de vida (un año entero trabajando) por un coche de 20.000€

Conclusiones

La próxima vez que vayas a comprar algo pregúntate si merece la pena:

  • ¿merece la pena renunciar a hora y media de libertad a cambio de la comida que me están sirviendo?
  • ¿estás dispuesto a trabajar un año a cambio de un coche nuevo?

Tanto si la respuesta es afirmativa como negativa serás perfectamente consciente de lo que estás adquiriendo y de lo que estás entregando a cambio de la compra.

Ahora sabes cual es el coste real que las cosas tienen para tí, cada vez que compras algo estás renunciando a una parte de tu vida. Recuerda que el dinero es sólo un medio para facilitar el intercambio.

 

Pero, ¿qué frigorífico compro? Un ejemplo práctico de como usar el coste total de propiedad

Un verano más España sufre los efectos de una ola de calor. Fuera, en la calle, hay 42Cº. Me acerco a la cocina con la intención de tomar algo para refrescarme. Abro la nevera, estiro el brazo para coger una cerveza fresca y veo una fina capa de escarcha al fondo. Reviso el congelador, una gruesa capa de hielo confirma mis sospechas. Es evidente que el mecanismo anti escarcha (o “no frost”) no funciona.

Reviso el resto del aparato y encuentro signos evidentes de deterioro. Las gomas de las puertas se están cuarteando, los cajones de la fruta están rajados, etc. No me sorprende, la nevera tiene más de 12 años. Cuando la compramos no andábamos sobrados de dinero, así que elegimos una barata, de clase energética “C” (¿o era “D”?).

Medito sobre repararla. El fabricante, “Edesa”, una segunda marca de “Fagor”, quebró hace dos o tres años. Conseguir repuestos va a ser difícil. Al final me rindo a la evidencia, y decido que lo mejor es cambiarla de la forma más rápida e indolora.

Empiezo a mirar neveras. Lo primero que veo es el precio, todos los anuncios lo destacan en números bien grandes. Pronto, algunos comerciales me recuerdan lo que pasé por alto al comprar el frigorífico viejo. Estos aparatos están encendidos todo el día, todos los días del año. Los frigoríficos consumen electricidad, mucha, y cada día está más cara. Debo tener en cuenta el consumo energético del aparato.

La conclusión inevitable es que, para elegir bien, debo considerar el coste de la electricidad que va a consumir la nevera además del precio de compra. Es decir, debo tener en cuenta el coste de usar y mantener el frigorífico además del coste de compra. Y esto es, a grosso modo, el coste total de propiedad.

El coste total de propiedad.

Estrictamente, el coste total de propiedad es la suma de tres costes a lo largo de la vida útil de un aparato:

Coste total de propiedad = coste de compra + coste de mantenimiento + coste de uso

En el caso de un refrigerador esos costes son:

El coste de compra: El precio de venta que destacan todos los anuncios.

El coste de mantenimiento: Una estimación de cuánto nos va a costar reparar las averías que sufrirá la nevera a lo largo de su vida útil. Cómo no tengo una forma fiable de estimarlo, mi estrategia es centrarme en marcas de prestigio. Supongo que así, escoja la opción que escoja, tendrán pocas averías y el coste de mantenimiento va a ser aproximadamente el mismo. Es decir, que voy a ignorar el coste de mantenimiento.

El coste de uso: En el caso de un refrigerador es el coste de la electricidad que consume durante su vida útil. Por fortuna, recopilé los datos de mis facturas electricas de los últimos dos años en una hoja de cálculo. Asi que sé que estoy pagando el Kw/h a 0,14€. Supongo una vida útil de 10 años. El último dato que me falta, el consumo anual estimado de electricidad, viene indicado en la etiqueta energética del frigorífico. Si quiero calcular cuantos Kw consume un modelo de nevera concreto durante su vida útil, sólo tengo que multiplicarlo por 10.

Así las fórmulas quedan:

Coste total de propiedad del frigorífico= coste de compra + coste de uso

Donde el coste de uso es:

Coste de uso = Kw consumidos /año * 10 años * precio del KW

Con esta fórmula en mente, empiezo a mirar en una tienda de internet y encuentro un frigorífico Bosh cuyo precio es de 610Euros, clasificación energética A+ (332Kw/año). Lo referenciaré como Bosch A+. Haciendo números sale:

Coste de uso = 332 Kw/año *10 años * 0.14 Eur/kw = 464,8 euros

Coste total Bosh A+ = 610 Euros + 464,8 Euros = 1074,8 Euros

¡Madre mía! ¡El gasto en luz es casi igual al precio del aparato! Va a ser verdad que la clasificación energética importa. Sigo buscando y encuentro otro frigorífico Bosch (KNG39XI42), este es A+++ (consume 179KW/año) y cuesta 756 Euros. El precio de partida es más alto pero, ¿lo compensará con el ahorro de luz? Veamos los números:

Coste de uso = 179 Kw/año *10 años * 0.14 Eur/kw = 250,6 euros

Coste total Bosh A+++= 756 Euros + 250,6 Euros= 1006,6 Euros

Esto significa que, a la larga, el frigorífico que en principio parecía más caro (756 Euros vs 610 euros de precio de venta) nos sale 68,2 Euros más barato (restando los costes totales, 1074,8 – 1006,6 = 68,2).

Continuo mi búsqueda, con el convencimiento de que el coste total de propiedad es la herramienta para decidir que aparato es el que más me conviene. Después de un par de horas tengo la siguiente tabla comparativa:

Coste total de propiedad del frigorífico
Coste total de propiedad del frigorífico

Revisando estos números veo que el LG GBB53OPZCFS es el que más me conviene. Lo pido en la tienda y, a los pocos días lo tengo en casa.

Conclusiones

Es importante advertir que la fórmula del coste total de propiedad se debe adaptar a cada situación. Por ejemplo, si la nevera fuese para un apartamento de vacaciones estaría la mayor parte del año apagada. Eso cambiaría completamente el coste de uso, lo que a su vez cambiaría el coste total de propiedad. Así lo primero es siempre pensar bien como vamos a usar el aparto y adaptar la fórmula del coste total de propiedad en consecuencia.

Después de completar este ejercicio estoy seguro de que el coste total de propiedad es lo que debe guiarme a la hora de decidir que aparato comprar. Si me dejo seducir por un precio de compra más barato puede que, a la larga, gaste más dinero.

Y es que, no en vano se dice que “el dinero del avaro va dos veces al mercado”.

Buscando el punto de equilibrio. Ideas sobre la fábula de la hormiga y la cigarra

De niño me contaron una y mil veces la fábula de la hormiga y la cigarra. La hormiga frugal y laboriosa trabaja en verano acumulando comida. Por otro lado, la cigarra juguetona y despreocupada se pasa el verano cantando y danzando. Al llegar el invierno, la cigarra helada y hambrienta le pide ayuda a la hormiga que le da con la puerta en las narices.

El mensaje que transmite esta fábula es que, si quieres disfrutar en la vejez es mejor que te apliques y aproveches el tiempo mientras que eres joven. En teoría la hormiga es el ejemplo a seguir mientras que es mejor no imitar a la cigarra. Sin embargo cuantas más vueltas le doy, más pienso que ninguno de los dos personajes son ejemplos a seguir. Creo que tanto la hormiga como la cigarra llevan vidas profundamente desequilibradas. Veamos por qué:

El desequilibrio de la vida de cigarra

Es evidente que la cigarra lleva una vida disoluta y despreocupada. Para ella todo es diversión, todo es disfrutar aquí y ahora. Este afán por el gozo no deja hueco para las necesidades actuales más básicas y perentorias, ni construye un refugio ni busca comida para hoy. ¿Y las necesidades futuras? No tienen cabida en la mente de la cigarra, cree que siempre habrá algún transeúnte que le de que comer a cambio de una coplilla o una chanza.

La cigarra
La cigarra

Al final, el futuro se hace presente y llega el invierno. Los transeúntes se encierran en sus casas y no hay quién le de comida a la cigarra. Es, en este momento, cuándo el desequilibrio de la vida de cigarra se hace evidente, no tiene comida ni refugio. La ayuda se le niega y las puertas se le cierran. Debido a su falta de previsión la cigarra se ve obligada a pasar hambre, frío y necesidad durante su vejez.

El desequilibrio de la hormiga

La hormiga es la antítesis de la cigarra. Mientras que la cigarra juega, la hormiga trabaja. Mientras una derrocha la otra ahorra. Una vive el presente, la otra se ocupa del futuro.  Cómo la hormiga es trabajadora y previsora recibe como premio una vejez abundante en la que no conoce la necesidad. Así, a primera vista, la hormiga parece el ejemplo a seguir.

La hormiga
La hormiga

Sin embargo, es esta obsesión por el futuro la que desequilibra la vida de la hormiga. Mientras que dura el verano y es joven vive obsesionada con el futuro, con prepararse para el invierno. Cuando el invierno y la vejez llegan y puede relajarse y disfrutar es demasiado tarde. Está condenada a una vejez de reclusión ya que afuera todo está nevado. El problema de la hormiga, más que morir sin haber disfrutado, es estar condenada a vivir sin disfrutar la vida. Y es que algunas cosas sólo se pueden hacer mientras que somos jóvenes.

Conclusiones

Después de meditar largo y tendido sobre el cuento de la hormiga y la cigarra creo que hay que buscar un punto de equilibrio entre nuestras necesidades actuales, las que tendremos en el futuro y algo de diversión. Tan malo es pasar hambre y necesidad como llegar a la vejez sin haberle sacado algo de jugo a la vida.

También me parece que este punto de equilibrio no está fijo, sino que se va moviendo según caminamos por la vida. Las necesidades que tengo ahora, con casi 40 años y siendo padre de dos criaturas, no son las mismas que tenía cuando era estudiante con veintipocos años.

En definitiva, que para poder sacarle todo el jugo a la vida hay que tener una parte de hormiga y otra de cigarra. Y no dejar que una domine a la otra…

El mapa hacia la libertad financiera

Hace poco estaba viendo con mis hijos un episodio de Dora la exploradora cuando apareció “el Mapa”. Este simpático personaje indica a Dora el camino a seguir y ayuda a los niños a saber en que parte del episodio están.

Como lo que busco cuando veo Dora es la compañía de mis hijos empecé a divagar. Por algún motivo, la idea de un mapa se quedó dando vueltas por mi cabeza. Al poco se me ocurrió crear un mapa hacia la libertad financiera. Un esquema que represente de forma gráfica y simbólica en que punto del camino estamos y, sobre todo, cuál es el siguiente paso a dar para alcanzar la libertad financiera.

Después de darle muchas vueltas creé un esquema que contiene 5 etapas o pasos:

Mapa

1-.El motivo

Lo primero de todo es pararte y meditar. Tienes que preguntarte por qué quieres la libertad financiera:

  • ¿Quieres una vida mejor para tus hijos?
  • ¿Odias tu trabajo y quieres dejarlo?
  • ¿Te preocupa tu jubilación?
  • ¿Quieres elegir dónde vivir y en que trabajar?

En realidad el método a seguir es sencillo, los conceptos que lo componen con comprensibles para cualquiera. Lo único que requiere es constancia, y para ser constantes necesitamos estar motivados. Sin la motivación adecuada caeremos en las tentaciones que, sin duda, surgirán a lo largo del trayecto.

Por eso, el primer paso en tu viaje es encontrar el motivo que te guíe hacia la libertad financiera.

2-. Gasta menos de lo que ganas

El segundo paso es gastar menos de lo que ganamos. Para culminar con éxito esta etapa del viaje podemos seguir dos estrategias, reducir gastos o aumentar ingresos.

  • Reducir gastos: Analiza tus gastos mensuales y divídelos en prescindibles e imprescindibles. Se inmisericorde con los gastos prescindibles y busca formas de reducir los gastos imprescindibles.
  • Aumentar ingresos: Podemos elegir entre invertir y emprender. La ventaja de las inversiones es que crean ingresos pasivos que no dependen de nuestro trabajo. Por otro lado, el beneficio potencial del emprendimiento es mucho mayor pero, a cambio, los ingresos dependerán de nuestro trabajo.

Olvida las excusas, reduce tus gastos y aumenta tus ingresos. Sin piedad, hasta que tus ingresos superen a tus gastos todos los meses sin excepción.

3-. ¡No sin mi fondo de emergencia!

Reconozcámoslo, es imposible prever todas las contingencias o accidentes que nos van a ocurrir. Por esto, es imprescindible tener un fondo de emergencia, un dinero ahorrado, fácilmente accesible pero fuera de nuestra vista para evitar malgastarlo en caprichos.

¿Qué cómo se construye un fondo de emergencia? Muy fácil, ¿recuerdas el paso 2?¿gasta menos de lo que ganas? Pues eso, márcate una cantidad a alcanzar y la diferencia entre lo que ganas y lo que gastas lo vas guardando en tu fondo de emergencia. Así hasta llegar a tu cifra.

De este modo, la próxima vez que se averíe tu coche, se estropee tu calentador, o tengas un dolor de muelas, tendrás un dinero disponible para lidiar con esas emergencias sin endeudarte.

¡Y no olvides rellenar el fondo de emergencia cada vez que lo uses!

4-. Di adiós a las deudas

En mi opinión las deudas son la versión moderna de la esclavitud. Mucha gente vive encadenada a un trabajo que odia porque perder su salario puede significar acabar viviendo en la calle. Por tanto, es imperativo librarnos de todas las deudas que tengamos. Todas significa todas, sin excepción, y eso incluye la hipoteca.

Pon todas las deudas que tengas en una lista, ordenálas por cantidad de menor a mayor. Rebaja la cuota a pagar de todas al mínimo que te permitan y dedica tu ahorro mensual a eliminar la deuda más pequeña de todas. Cuando acabes con la más pequeña, empieza con la segunda de la lista. Así, hasta que acabes con todas tus deudas.

Una vez que no le debas nada a nadie, ¡no vuelvas a endeudarte! Nada te ata más a un trabajo que una deuda.

5-. ¡Invierte, invierte, invierte!

Cuando llegues a este punto del camino tu situación económica será bastante saludable. Cada mes estarás ahorrando ya que gastarás menos de lo que estés ganando. Tendrás un fondo de emergencia que te permitirá tratar con cualquier suceso sin endeudarte. Y, lo mejor de todo, no le deberás nada a nadie.

Pero, ¿y la libertad financiera? Aún habrá unos gastos imprescindibles a los que hay que hacer frente todos los meses y que nos atarán a nuestro trabajo. Sin embargo, como cada mes estaremos gastando menos de lo que ganamos nuestros ahorros se irán incrementando todos los meses.

Es el momento de invertir, de comprar activos que nos generen rentas pasivas, ingresos que no dependan de nuestro trabajo. En el momento en el que estas rentas superen a nuestro salario, habremos alcanzado la libertad financiera.